Llueve en París. El agua cae de una forma más triste que en otros lugares. Será por las malas noticias y los tristes acontecimientos ocurridos por la calle. Puede ser también por el cansancio provocado por la ciudad, que como todas las ciudades grandes agota a susu habitantes. Ventana a un patio interior y una ténue luz ciertamente mortecina que entra por ella. Es todo tan europeo que da igual dónde te encuentres. París es preciosa pero pide juventud y dinero de forma vampírica. Es una trampa humana. Es la belleza que atrapa dentro de su efímera existencia. París provoca adicción y crea necesidades y al mismo tiempo que te hace soñar te recuerda que como humano eres invisible e inservible. Porque ella, con una risotada de vieja dama, demuestra que va a seguir viva mucho tiempo más. París, vieja y gris, urbe magnánima y capital de referencia, pero a pesar de tu máscara estás podrida. Aunque a pesar de todo, tu embrujo sigue conquistando al mundo.
viernes, 20 de noviembre de 2009
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