jueves, 23 de abril de 2009

me niego a creer

Por todos es sabido la complejidad que suponen como concepto las emociones humanas. Con esto me vengo a referir a que posiblemente las entendamos y las diferenciemos entre ellas, pero el por qué sentir es algo que se escapa a nuestro entender. Si somos capaces tanto de sentir como de pensar, me pregunto, cómo es posible que desconozcamos realmente cuál es su fin, es decir, cuál es el objetivo o función del pensamiento o el sentimiento en nuestra existencia. Muchas veces he sintetizado que el fin absoluto, el más grande y por el cual hemos sido creados , es simplemente ese, razonar acerca de todo, desde lo existente y conocido hasta el noúmeno kantiano. Desde amar a alguien a sentir el vacío en tu vida o el absurdo y complejo mundo de las relaciones entre seres racionales y emocionales.

Realmente todo escapa a nuestra capacidad intelectual en este momento. Nadie ha dicho que ser humano sea fácil. Pero sí estúpido...Somos capaces de ver tantos errores en nuestra historia pero a veces somos incapaces de ver cuales son nuestros logros. Y esta reflexión es útil tanto a nivel personal como a nivel de especie. Vamos, que puedo generalizar con ella y quedarme tan ancho. De vez en cuando confundimos ciertos errores como logros y es el tiempo el que nos pone las cosas en su sitio. Por que, al fin y al cabo, todo tiene un sitio. O eso queremos entender. La irracionalidad no está de moda desde hace milenios. De echo, el ser humano se ha racionalizado de tal modo que el instinto se ha perdido plenamente, o mejor dicho, se ha transformado en otro tipo de espíritu de supervivencia. Ahora somos tanto pisando la tierra que nos estamos convirtiendo en unos bellos insectos. Hay una parte del pensamiento, sobretodo en el occidental, que es el que más conozco y al que según mi parecer mi mente ha contratado para investigar la existencia, que sigue impertérrita al paso de los días, los años y los siglos. Este tipo de pensamientos, por supuesto, están ligados a las emociones, al sentir. Pero la magia contenida en nuestra mente está tendiendo a desaparecer con la evolución del racionalismo, que tiende a borrar paso a paso todo lo oculto dentro de nosotros, todo lo desconocido y que a su vez podía ser altamente intrigante. Amar es una reacción química, enfadarse contrae músculos y tensa el cuerpo, la tristeza agota, el aburrimiento manifestado en la somnolencia...y todo tiene un por qué estúpidamente racional o físico-químico. Yo me niego a creer que cuando amo a alguien es por que mi cuerpo se revoluciona, o que si me enfado mi sangre corre más rápida. Quiero creer que si amo a alguien es por que hay una aventura oculta en ese carrusel de emociones que supone el enamoramiento. Quiero pensar que siento porque de otro modo no sería más que un cadáver o una piedra, que a pesar de que puede estar siglos en el mismo lugar no siente lo que es tener carne. Me gustaría pensar que cuando muera seré una piedra eterna en el medio de un camino, por que se me hace extraño pensar que un día despareceré y dejará de existir todo lo que conozco y todo lo que veo u oigo. Todo lo que amo. Quiero que mis pensamientos y emociones acompañen al resto de creaciones conocidas y desconocidas , todo lo que está compuesto por átomos y que al fin y al cabo es un símbolo de vida que un día tiende a desparecer. Pensar que un día el universo dejará de existir e intentar comprender y sentir ese concepto hace que tenga ganas de vivir por que no quiero perder la magia que acompaña a mis sentimientos y emociones, únicos e irrepetibles y por tanto lo más valuoso que poseo.

viernes, 3 de abril de 2009

vidas privadas

Quiero estar muy cerca de ti. Te deseo y ese es mi castigo. No debo tocarte ni estar tan próximo a ti como para satisfacer mi olfato con tu perfume, que me encierra y hace que desee todavía más recorrer tu cuello con mis labios o decirte lo mucho que me gustas al oído cuando todo está en silencio y sólo se oye el susurro de mi voz. Mi voz suave, mis labios rozando tu oreja y tu cuello un paraíso. Encarcelo mis pasiones y mis deseos, pero soy incapaz de extinguir el brillo de mis ojos cuando te miro. Igualmente, vivo en una prisión de piedra y algodón, en un destino marcado por la carta del Loco, el único que vive sin rumbo. Grito por dentro y relamo mis labios que saben a vino, el mismo que compartimos noche tras noche. Y sueño, Dios mio, sueño con tus manos y tus labios invadiendo mi cuerpo, sueño con tu pecho y un abrazo, sueño con sentir esa flor que se abre para nosotros. Sueño con el pecado que me hace consciente de la traición pero que me arrastra y me tortura inevitablemente. Pero la realidad es que soy tan inocente que me conformo con tenerte cerca un rato y hablarte y soñar con que tus labios algún día querrán tocar los mios.