A veces tengo ganas de destruir todo lo que veo, de que el mundo se acabe, de que todo lo que veo sea una mentira grande y que la verdad aparezca súbitamente, como salida de entre las sombras en un tranquilo día estival. Cuando veo lo infeliz que es la gente en el metro o el bus y el mundo entero anda por la calle ciego pero lleno de cosas que nada tienen que ver con lo que necesita...Anhelos y deseos de ser, querer y tener, que al fin y al cabo no nos harían más felices. En ciertas ocasiones me deprime ver cómo la inteligencia de una persona se hace evidente nada más verla. La ropa nos dice mucho, los gestos que aparecen en nuestras expresiones nos delatan y nuestra vida parece, desde luego sólo puedo afirmar que parece, evidente ante los ojos de los demás.
Un ejemplo que me da mucha rabia, pena y risa a la vez es el de la mujer que se cuelga cualquier tipo de imitación de bolso. Es triste que la señora quiera demostrar que tiene cierta clase o abolengo al que no pertenece. Muchas veces la falta de muebles en la cabeza se llena con un bolso falso que se ha comprado con cierta ilusión. ¿Cómo puede la señora ser tan mezquina y triste interiormente? Me maravilla que el ser humano considere una evolución de sí mismo o de la humanidad con casos como este. Es triste y jodido, pero señora, sueñe con ser usted misma y no la copia de alguien que no es y a quien no le importa gastarse cientos o miles de euros en un simple bolso. En sí, el lujo fue creado para demostrar que ciertos seres humanos son superiores a otros por el simple echo de haber nacido en una cuna diferente. A la vez necesitamos identificarnos con cierto grupo social al que por supuesto vamos a criticar e intentar derribar para poder sentirnos más fuertes y tranquilos en esta efímera vida en la que estamos. Nuestros corazones hoy en día están botoxizados, paralizados para parecer más jóvenes y durar eternamente, o ese es el propósito. De todos modos, lo que más miedo nos da y por lo que hacemos todas las idioteces del mundo es desaparecer y no ser recordados. Desaparecer, de todos modos, no es nada más que ser olvidados.