Comienzo a caminar sobre las puntas de mis dedos. No es un camino difícil. Atravieso lenta y dulcemente las dunas de tu cuerpo, provocando breves seísmos por la sensibilidad del tacto.
Recorro grandes extensiones de color ocre hasta llegar a una plenitud de diferentes tonalidades y formas. Dibujos grabados para siempre en el cuerpo del joven atleta. Explorados por las yemas de mis dedos, siempre seguros de su destino. El calor arrastrado hasta la noche hace que pequeñas perlas florezcan en tu geografía, dándome muestras de dilatado placer. Te conduzco lentamente por el camino hacia el agitado éxtasis. Desaparecer completamente para volver a empezar ascendiendo por el meridiano de tu espalda con inigualables herramientas : Mi lengua y mis dedos.
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