sábado, 21 de marzo de 2009

confusión, para variar

En veinticuatro horas mi vida cambió la semana pasada. Mientras me debatía (Y debatía con él) acerca de qué pasa en mi vida o cómo sobrevivir y llegar a fin de mes, una llamada sugerente me animó de repente. Mis pulsaciones volvian a tener un ritmo que avanzaba la primavera. La vuelta al trabajo se dió de forma repentina y con una fuerza devastadora. De un día para otro empecé a trabajar en una de las mejores boutiques de Barcelona, donde la ropa realmente tiene un sentido especial. Pero mi pregunta es la de siempre, qué hace un chico como yo en un sitio como este.

Por un lado, siento que mi recibimiento ha sido espléndido, pero por otro lado pienso acerca de mi futuro estival...sin dejar de lado mi futuro personal. Y ahí estoy yo, entre dos lugares diferentes. Me siento en un limbo entre el mar y la tierra. Esta vez no debería huir y tal vez lo más aconsejado es permanecer en la ciudad, donde el cemento se vuelve blando en verano y los pies se ponen negros debido a la suciedad urbana. Me parece absolutamente detestable el verano en la ciudad. Al menos en esta ciudad...ya no estoy acostumbrado. Es una cárcel donde los barrotes son semáforos y edificios neoclasicos.

Quiero respirar aire de mar turquesa, que no esté masificado y privatizado...quiero volver a ver las estrellas desde la entrada de mi casa, justo después de bajarnos de la moto y darnos un beso antes de entrar. Eso es a lo que estoy acostumbrado, pero es una pena que justo ahora se abra una puerta interesante en este mundo de asfalto en el que vivo ahora. Por eso debo pensar y ver qué es lo más interesante o conveniente.

Aunque realmente de lo que tengo ganas es de llorar sólo con pensar en perder este verano, que yo quería convertir en el último antes de empezar una vida juntos él y yo. No puedo evitar poner romanticismo a mi vida...

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