Quiero estar muy cerca de ti. Te deseo y ese es mi castigo. No debo tocarte ni estar tan próximo a ti como para satisfacer mi olfato con tu perfume, que me encierra y hace que desee todavía más recorrer tu cuello con mis labios o decirte lo mucho que me gustas al oído cuando todo está en silencio y sólo se oye el susurro de mi voz. Mi voz suave, mis labios rozando tu oreja y tu cuello un paraíso. Encarcelo mis pasiones y mis deseos, pero soy incapaz de extinguir el brillo de mis ojos cuando te miro. Igualmente, vivo en una prisión de piedra y algodón, en un destino marcado por la carta del Loco, el único que vive sin rumbo. Grito por dentro y relamo mis labios que saben a vino, el mismo que compartimos noche tras noche. Y sueño, Dios mio, sueño con tus manos y tus labios invadiendo mi cuerpo, sueño con tu pecho y un abrazo, sueño con sentir esa flor que se abre para nosotros. Sueño con el pecado que me hace consciente de la traición pero que me arrastra y me tortura inevitablemente. Pero la realidad es que soy tan inocente que me conformo con tenerte cerca un rato y hablarte y soñar con que tus labios algún día querrán tocar los mios.
viernes, 3 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario